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¿Cómo es para una joven trasladarse del interior a Montevideo para estudiar? ¿Cómo es hacerlo para insertarse en una Facultad donde casi siete de cada 10 estudiantes son hombres? ¿Qué barreras hay que saltar? ¿Qué sueños las animan?

Paula La Paz, Florencia Beraza y Lucía Lemes son estudiantes de ingeniería naval e ingeniería industrial mecánica, ingeniería eléctrica y de la licenciatura en ingeniería biológica, respectivamente. La pasión por los barcos, las ganas de aportar en el cuidado del medio ambiente y la búsqueda de una carrera que combinara la biología con la ingeniería, marcaron su camino estudiantil y las obligaron a emigrar de sus ciudades originales.

Ingeniería aplicada al cuidado del ambiente


“Me gusta la naturaleza y quería estudiar algo vinculado a su cuidado. Arranqué Agrimensura, pero después definí estudiar Ingeniería Eléctrica con orientación en energías renovables. Ya tengo pensado hacer un máster en Ingeniería Ambiental y me imagino trabajando en algo vinculado al reciclaje, quizás innovando”, contó Florencia.


Oriunda de Maldonado y con 21 años, se encuentra iniciando el cuarto año de la carrera. “Me llevó un año adaptarme a vivir sola en Montevideo, lo que implicó aprender a hacer las compras y andar en ómnibus, entre otras cosas”, recordó.


Florencia nunca sintió que ser mujer haya sido un obstáculo en la Facultad, aunque señala algunas particularidades. “Cuando me vine a inscribir, en el piso de Bedelía habíamos dos mujeres y el resto eran todos hombres, pero eso no me asustó, sabía que sería así y me acostumbré. De hecho, en mi grupo de estudios inicial éramos 15 personas y de ellas solo 5 eran mujeres”, dijo.


“Lo que más valoro de la Fing es la formación como persona que me ha brindado. Como estudiante del interior tengo que trabajar y a la vez curso una carrera que lleva mucho tiempo. He aprendido a desarrollar la resiliencia y a enfrentar la vida de otra forma”, concluyó.

Pasión por los barcos


Paula recuerda que cada vez que pasaba con su madre por el puerto de Montevideo, ésta le decía: ¡mirá los barcos! El amor familiar por los buques se remonta a su abuelo, quien fue ingeniero mecánico y perito naval, y está influenciado por la ubicación de su ciudad natal, Carmelo, que es cuna de varios varaderos.


“Llegué a Facultad decidida a estudiar Ingeniería Naval, pero la gente me decía que estaba loca y que nadie se dedicaba a eso. Cuando en bedelía me preguntaron ¿a qué carrera?, dije: mecánica. A los dos años volví para anotarme en Naval y actualmente estoy haciendo el proyecto de grado de ambas”, cuenta. Con 27 años, también es docente en la materia Teoría del Buque.


En general, Paula siente que no ha tenido que enfrentarse a diferencias de género en Facultad, aunque recuerda una anécdota. “En uno de los primeros orales que di en Naval, estaba muy nerviosa y el docente me dijo: sos una mujer haciendo una carrera de hombres, así que tenés que mostrarte segura”.


También en el ámbito laboral ha experimentado algún trato diferencial por ser mujer. “Recuerdo una pasantía que hice en el astillero del Cerro: íbamos con un compañero y al principio solo le hablaban a él. Esto empezó a cambiar cuando vieron que yo no solo acompañaba, que le ponía ganas y trabajaba a la par. Esa es la clave para que la diferencia se vaya”, dijo.

Recorrer el país por vocación


A sus 18 años, Lucía dejó atrás Juan Lacaze para estudiar Ingeniería Civil en Montevideo. “Al año siguiente, se empezaron a dictar en la Fing los primeros años de la licenciatura en Ingeniería Biológica y me anoté, porque era lo que realmente quería hacer: una carrera que aplica herramientas de la ingeniería a la resolución de problemas en el área de las ciencias biológicas”, recordó tres años después.


El estrecho vínculo que tiene con la sociedad es lo que más le gusta de la profesión que ejercerá. “Tiene muchas áreas de aplicaciones, por ejemplo, la medicina, las actividades agropecuarias y la veterinaria. Por ahora el ámbito que más me interesa es la bioinformática, que tiene que ver con el uso de herramientas de programación aplicadas al análisis de datos. Por ejemplo, puede servir para modelar el funcionamiento de un órgano vital o analizar y detectar células cancerígenas”, explicó.


En enero, Lucía se transformó en la primera estudiante de la licenciatura que se muda de Montevideo a Paysandú para cursar los últimos dos años de la carrera, que solo se dicta en ese departamento. “Creo que Paysandú es un buen punto para estudiar y vivir, porque tiene una vida cultural amplia y mantiene el trato interpersonal, que es tan típico del interior. Cuando me mudé a Montevideo, lo que más me costó fue esa dinámica de entrar a un lugar y que nadie te saludara”, dijo.


Lucía estudia una carrera donde la mitad de los estudiantes activos son mujeres. “Nunca sentí una diferencia en el trato por ser mujer y tampoco me pasó de sentirme intimidada en la Fing, donde la población es mayormente varonil. Son muy respetuosos, sos una más”, concluyó.

En esta nota, puede acceder a datos sobre el porcentaje de estudiantes mujeres en la Facultad de Ingeniería (Udelar).